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El Cañonazo de las 9 .Tradición secular de la Habana.

February 19, 2010 in Lugares de Cuba y Cosas que hacer |

Por: Liborio Pais

Canonazo_Cabanna_habana_9pmAllá por los años 50 un cubano radicado en Puerto Rico, en cuya isla tenía un modesto negocio, recibió en su establecimiento la visita de un sujeto que dijo ser habanero y le pedía empleo. El dueño del negocio, cubano, para constatar si el visitante decía la verdad o no, le hizo dos preguntas claves: ¿A qué hora mataron a Lola? y  ¿A qué hora suena el cañonazo?

A la primera interrogante, el supuesto habanero respondió que no se encontraba en la ciudad el día del asesinato de Lola, y con respecto al cañonazo, dijo que La Habana era una urbe tranquila y pacífica. Con semejantes respuestas fue normal que el aspirante se quedara sin empleo por mentiroso. Cualquier persona que haya al menos vivido por un tiempo en la La Habana sabe que según la mitología popular, la hora del deceso violento de Dolores fue a las 3 de la tarde, y el cañonazo se escucha invariablemente todas las noches en la Habana a las 9. Sobre esta última tradición les propongo hablar en el presente artículo.

Algunos criterios de historiadores ubican al cañonazo de las 9 dentro del altar identitario de la Ciudad de la Habana, en un lugar al mismo nivel que el Malecón, la Giraldilla y el Capitolio.

Actualmente la fantasía militar que invariablemente se celebra en la Fortaleza de la Cabaña para mantener la tradición de disparar un cañonazo a las 9 de la noche, es uno de los acontecimientos de mayor atractivo para los turistas que han decidido por la Habana a la hora de seleccionar su agenda de vacaciones en Cuba.

Noche tras noche se cuentan por varios cientos los que presencia in situ, el cumplimiento de esta tradición habanera. En la actual ceremonia se utilizan voces y movimientos correspondientes al Reglamento colonial de Infantería de España. Igualmente se usan los uniformes de casi todos los cuerpos que conformaban el Ejército Real Español. Por ejemplo: el Cuerpo de Infantería se representa en la figuras del jefe de la dotación y el tambor; el Cuerpo de Artillería queda representado dentro de la dotación por el abanderado; y el Cuerpo de Caballería por los soldados que cargan y disparan dicha pieza.

La Fantasía Militar comienza apenas unos minutos antes de las nueve de la noche con la entrada del farolero a la explanada, quedando esta a oscuras y en total silencio, para anunciar a los presentes la supuesta inminencia del cierre de las puertas de las Murallas habaneras y el consiguiente recogimiento de vecinos y visitantes. Seguidamente la dotación llega marchando según las Ordenanzas de 1850, al compás de toques de tambor. Al frente marcha el jefe de dotación, el tamborilero y el abanderado que exhibe el antiguo pabellón español con las rojas aspas de San Andrés.

El jefe al frente da las voces de mando y supervisa con naturalidad y aire marcial el cumplimiento de todas las maniobra.

¡Para el cañonazo de las nueve, carguen! A partir de entonces y sin perder un segundo se suceden unas a otras las acciones hasta lograr el disparo. La mayor responsabilidad recae sobre los soldados, designados como bombarderos, toman la cuchara de carga y vierten por la boca del cañón la pólvora necesaria, que yace preparada en un recipiente oculto dentro de un barril. Después comprimen a baquetazos la pólvora y los sacos de yute empleados en calidad de proyectil falso. Situado en la parte posterior del cañón, otro soldado ceba el fogón con un poco de pólvora que al prenderse, se comunicara con la otra cantidad de explosivo y la hará estallar.

Cumplida la orden de ¡Elevación máxima!, el oficial manda a prender la antorcha: ¡Encender el botafuego!, tras lo cual sólo resta efectuar los últimos pasos para conseguir el cañonazo.

¡Para una salva, a mi orden!…! Fuego!, ordena el jefe y con tal de imprimirle aún más suspenso a la ceremonia, detrás de sus palabras empieza a redoblar el tambor. Un soldado aplica la mecha al oído del cañón y…!boom!, se produce el disparo y con él estalla el júbilo de los presentes .

Este tipo de ceremonia se celebra desde 1991, pero la tradición de disparar un cañonazo a las 9 de la noche sobre la Habana, tiene el origen fijado hace más de 400 años.

Sus orígenes datan de la práctica habitual de una reglamentación militar del siglo XVI, que ordenaba el disparo de un cañonazo a las cuatro y treinta de la madrugada y otro a las ocho de la noche desde un buque situado en el puerto. En sus comienzos sólo indicaba un toque de diana para que la guarnición comenzara sus labores cotidianas, y otro de retreta para que dicha guarnición se retirara a descansar.

Ya en el siglo XVIII la ciudad contaba con dos Murallas, una marítima y otra terrestre, por lo que estos cañonazos indicaban a los vecinos, los momentos en que se abrían y cerraban las puertas de las Murallas de la ciudad e incluía la colocación de una cadena que protegía la entrada al puerto. El estruendo que continuó escuchándose indistintamente desde el buque antes referido y desde la fortaleza de San Carlos de la Cabaña, una vez concluida en 1774, fue incorporándose cada vez más a la oída cotidiana de los habitantes, convirtiéndose en una tradición.

Cuentan que desde la época de la colonia la población habanera dependía de los cañonazos para organizar su orden social; simultáneamente a las ocho de la noche rompía a tocar la banda de turno encargada de la retreta, al momento que comenzaban a sonar las campanas y los timbres de los teatros que anunciaban el comienzo de la función. Era también una señal para que los novios de ventana se acercaran a ella y la hora en que daba inicio la guardia de los serenos municipales de linterna. Se dice que el cañonazo nocturno era semejante a una llamada de tropa que marcaba el momento en que una gran parte del público, se apresuraba para asistir a sus citas: amorosas, comerciales o sencillamente a los teatros.

¿Cuándo cambia la tradición?

En 1902, con la instauración de la república se eliminó el disparo de la madrugada y se cambió el horario del nocturno, la nueva hora dispuesta fue la de las nueve.

Refieren las crónicas de la época, que el cambio de hora en el disparo del cañonazo, tan importante en la vida social de la ciudad, provocó la pérdida de asistir a los espectáculos con regularidad, hasta se comía más tarde en la Habana y los niños se acostaban una hora después. Con el tiempo la ciudad se acostumbró al nuevo horario y continuó el cañonazo signando de alguna manera el orden social nocturno de la urbe y hasta incluso más allá de las fronteras citadinas, puesto que a lo largo de muchos años fueron varias las emisoras de radio de alcance nacional, que trasmitieron el estruendo originado por el cañonazo de la loma de la Cabaña en La Habana.

Solo en pequeños períodos de tiempo de la historia habanera ha dejado de sentirse la sonora tradición.

La noche del 18 de septiembre de 1902 los vecinos de La Habana esperaban atentos el estampido del cañonazo de las nueve, para confrontar sus relojes. Pero caso curioso, el ruido no se escuchó hasta media hora después. Nunca se dio una explicación oficial de esta irregularidad. Eso sería una señal de lo que vendría después.

En otros momentos este sonido se suspendió y este fue el caso del señor Charles Magoon, que gobernó durante el segundo período de intervención norteamericana en Cuba (1906 1909) el cual mandó, en más de una ocasión, que se interrumpiera ese sonido y en otros casos ordenó que se colocara menor cantidad de pólvora para que el ruido no le molestara tanto. Finalmente tuvo que adaptarse a la costumbre habanera.

Algunos años después se interrumpiría la tradición nuevamente Durante la Segunda Guerra Mundial, dado que Cuba era aliada de Estados Unidos, en una nota de prensa del 24 de junio de 1942 se dio a conocer la omisión del cañonazo por la necesidad de ahorrar pólvora, el entonces Presidente de la República Fulgencio Batista había dado órdenes oportunas de suspender dicho disparo por razones de guerra y para economizar explosivos.

Las protestas resonaron en toda la ciudad y los habaneros parecían necesitar más que nunca de aquel secular disparo. Hasta se hicieron varias propuestas de sustituirlo, como la de aprovechar la sirena de la Planta Eléctrica de Tallapiedra, añeja instalación que todavía funciona hacia el fondo de la bahía habanera sobre su porción sur. A pesar de la molestia popular el dictador Batista suprimió el cañonazo hasta el final de la guerra en 1945.

Desde esa fecha hasta la actualidad nunca más ha dejado de tirarse para beneplácito de los habitantes de la capital cubana.


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