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El Palacio de los Presidentes en Cuba

October 29, 2009 in Lugares de Cuba y Cosas que hacer |

Por: Liborio Pais

Hacia ya buen tiempo que estaba interesado por abordar historias relacionadas con la antigua casa de gobierno en Cuba, dentro de nuestro espacio en el blog de Umbrella dedicado a resaltar la historia de algunos lugares que pudieran ser de interés para el visitante de la isla.

Es totalmente presumible que la fisonomía arquitectónica del edificio que acoge hoy al Museo de la Revolución llame la atención de algún turista recién llegado a la Ciudad de La Habana, máxime cuando en sus alrededores se enclavan algunos de los más importantes hoteles de la capital. Del Hotel Plaza , del Hotel Parque Central o más posible aún del interior del Hotel Sevilla pudiera salir un visitante extranjero y quedar literalmente pasmado ante la riqueza visual que ofrece el edificio que durante casi 40 años constituyó hogar y recinto de trabajo para los primeros mandatarios de Cuba.

Es obra de dos renombrados arquitectos: el cubano Rodolfo Maruri y el belga Jean Beleau, el mismo al que hicimos referencia cuando hablamos de la construcción del Centro Gallego de La Habana.

Es un edificio de cuatro pisos.. De sillares de piedra blanca, primorosamente labrada. Lo corona una linterna que se levanta en su centro a considerable altura y cuya media naranja de terracota con colores amarillo y azul se distingue desde muy lejos y tiene pechinas con láminas de oro de 18 kilates. Su arquitectura ecléctica que deja ver múltiples influencias de la manera de construir en otros tiempos en países como España, Alemania y Bélgica, hacen de su presencia en una ciudad tan tropical como la Habana algo como para llamar la atención de cualquiera.

Hay que decir que hasta el momento de su construcción, la mansión gubernamental del país era el colonial Palacio de los Capitanes Generales enclavado a la vera de la Plaza de Armas en la parte más antigua de la ciudad, y allí hubiera seguido de no haber concurrido los caprichos de una dama y la condescendencia de su esposo para con ella.

En la segunda década del siglo pasado el gobernador de La Habana, dio inicio a la construcción de un edificio para destinarlo a sede del Gobierno Provincial. Pero a Mariana Seba, Primera Dama de la República, le gustó el edificio y convenció a su esposo, el general Mario García Menocal, para que fuera adquirido por el Estado y se destinara a Palacio Presidencial. Hasta ese momento se pensaba destinar a Palacio Presidencial el edificio que se construía donde está el Capitolio, mientras que la residencia oficial del Presidente estaría en la Quinta de los Molinos de la avenida Carlos III.

Se conjuró el traspaso de dueño y con el carácter de Palacio Presidencial Nacional fue inaugurado en 1920 por el propio presidente Menocal La conocida Casa Tiffany, de Nueva York, tuvo a su cargo la decoración del edificio y en su mobiliario y adornos se invirtieron más de millón y medio de dólares. Oro, marfiles y mármoles resaltan el estilo del Palacio. La vajilla es valiosísima y tiene grabado el escudo de la República en cada una de sus piezas.

El mantenido interés de sus moradores en su decoración, hacen que actualmente pueda decirse que no solo es un museo por los valiosos objetos que atesora relacionados con la historia de la revolución que triunfó en 1959, sino también por las numerosas obras de arte que luce en su interior.

Destacada entre las pinturas que allí se exhiben la gran pintura alegórica que ornamenta el techo del Salón de los Espejos. Cubre todo el techo de este, el mayor del Palacio. Se titula El triunfo de la República y es obra de Armando García Menocal , uno de los artistas plásticos más emblemáticos de la época en Cuba. Está pintada en lienzo de hilo fuerte con pasta de óleo. Mide 22 m de largo x 7 de ancho. Para poder llevar a cabo la pintura el cuadro fue dividido en siete paneles y se ejecutó en el Salón de Oficiales de la fortaleza de La Cabaña. Una vez lista la pintura, se cortaron las telas de los bastidores y se pegaron luego con empaste de aceite al yeso del techo hasta formar el gran conjunto que reviste el techo interior del Salón de los espejos.

Se habrá dado cuenta seguramente de la coincidencia de los apellidos entre el Presidente de la República y el pintor. El mandatario era sobrino del artista y por eso siempre se ha planteado a lo largo de los tiempos que hubo cierto nepotismo en la decoración plástica del Palacio. Ciertamente no solo se le concedió el mayor lugar expositivo a Armando García Menocal, sino que tiene en sentido general, mayor presencia que otros relevantes pintores que más tarde igualmente recibieron la misión de ayudar en hacer más bello y elegante el interior de la casa gubernamental. Quedaron plasmadas en los techos y paredes del Palacio obras de Esteban Valderrama y de Mariano Miguel, de Antonio Rodríguez Morey y Leopoldo Romañach., así como de Enrique García Cabrera y Juan Emilio Hernández Giro, entre otros.

¿Se anima a conocer al antiguo Palacio presidencial en Cuba? Pues al arribar a la isla pregunte como llegar a esta dirección habanera : Refugio número 1 y podrá constatar mucho de lo expuesto en este artículo del blog de Umbrella. En un próximo trabajo seguiremos con otras historias relacionadas con este edificio y con quienes lo ocuparon mientras mandaban sobre el país.


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